9 mayo, 2026

Gobernadora o Alcaldesa?

En una crisis extrema como la presente el pesimismo es el juicio más habitual. Pero también es una verdad indiscutible que esto pasará, con lo que quedan calcular en qué tiempo y con cuales consecuencias.

Supongamos que alcancemos alguna normalidad sobre el verano, fecha en que se estará más cerca de la vacuna. La vida seguirá, el tsunami habrá pasado con su secuela de muertes y daños. La experiencia alumbrará un mundo que pasó la prueba, y como decía Perón la riqueza no se habrá ido solo habrá cambiado de mano.  Para ser cruel, nacerá una nueva pobreza y se potenciará nuevos ricos. La tecnología y el universo on line se impondrán masivamente, los que no se adapten quedarán atrás, o afuera. La desigualdad se profundizará, y en el futuro no todos accederán a determinadas bienes y servicios.  

La política y las estructuras de poder acusarán el cimbronazo. Varios gobiernos del mundo caerán con los efectos de la pandemia. Estados Unidos, Brasil y Gran Bretaña marchan por ese rumbo. Y los países emergentes quedarán más débiles y endeudados. Mal que nos pese estamos en ese lote, aunque como siempre decimos con nuestros potenciales intactos para intentar la recuperación. No olvidar que ya estábamos en ese lugar sin pandemia. 

El gobierno de Alberto Fernández que arrancó con la ilusión de los que comienzan, se trepó al coronavirus y alcanzó status de mesías salvador. En sesenta días volvió a la realidad: un gobernante presionado por la crisis, los tironeos de una coalición interna con responsabilidades y objetivos contrapuestos y un marco externo aterrador. Como dice aquella frase de la política estadounidense, un granero lo destruye cualquiera, pero solo lo construye un carpintero. 

Gobernar en Argentina es un reto complejo, hacerlo en estos tiempos es un desafío extraordinario que requiere de liderazgos y decisiones distintas. Allí comienza el problema, ya que como lo dijimos la semana pasada es tiempo de dirigentes que apuesten, arriesguen, prediquen con el ejemplo, que estén dispuestos a diseñar un nuevo tipo de liderazgo para tiempos que no tienen en nada en común con el pasado, ni el presente cercano. De organizar festejos de asunción del nuevo gobierno y coordinar las fiestas del verano, contratar espectáculos y brindar entretenimientos gratuitos han pasado sin pausa a no saber que hacer con un hecho inédito, peligroso y terminal.    

Es muy tentador no hacer nada, o lo que es peor: tomar decisiones según los piden los vecinos por las redes. Esperar que no suceda nada, que se contagien y mueran en el otro pueblo. Ser testigos del parate económico, no asumir con decisiones ni con mensajes de twitter, que hay que arriesgar y ponerse al frente de la comunidad. Se requieren conductores, no acompañantes o seguidores.  

Río Negro es noticia en el sentido contrario a como oficialmente intenta diariamente comunicar el gobierno provincial, que siempre enfatiza sobre recuperados y descarte de casos sospechosos. Sucede que estamos terceros en contagiados según cantidad de habitantes, quintos en cantidad de muertos. Con toda una región de la provincia, Valle Medio, notoriamente complicada. Choele Choel, Lamarque, Luis Beltrán tienen más muertos que Santa Fé o Mendoza. Treinta mil habitantes contra dos millones. Esta semana será crucial para determinar que el cuadro ya grave no se agravará más.  

En medio de este cuadro la Gobernadora relevó al Ministro de Desarrollo Social Nicolás Land y colocó allí a una tropa propia Juan José Deco, que estaba en la estratégica Secretaría General. Allí designó a Daniel Sanguinetti, un ex Altec que deja su banca de legislador.  

Carreras se debate entre el inicio de su gobierno, la crisis con que debe lidiar, las condiciones en que le tocó encabezar el gobierno y el paraguas de poder y estructura que pertenece a Alberto Weretilneck. De hecho, el cargo que se le hacía al ex ministro Land era priorizar al Senador por sobre la Gobernadora.  

En el fondo de la cuestión hay un conflicto real de poder que se expresa como una confrontación de estilos. Más allá que aun no está definido el estilo de Carreras, está claro que no es, o no quiere que sea, el de Weretilneck. Este último, que alguna vez definimos como Alcalde de Santander personalizó el gobierno en torno a su celular, mano a mano con los actores de la comunidad, con los gremialistas (no con los gremios), con los empresarios, con los Presidentes de los Clubes, con los jueces, no el Poder Judicial. Todo mano a mano, palo y zanahoria, más siciliano que francés. Con recursos, habilidad, carisma, audacia. Y recursos económicos muy oportunos como los de las áreas petroleras, más una falta de temor por endeudarse. El “modo Alcalde” le cerró por todos lados, y los rionegrinos se sintieron arropados, más allá de la eventual ausencia de medianos y largos plazos, naturalmente valoraron, y votaron, por el presente. Muy natural como bien lo explica Durán Barba.

Pero la clave del Estilo Alcalde de Santander termina siendo los recursos. Sin ellos no hubiera habido Alcalde que aguante.

Carreras arrancó queriendo ser Alcaldesa y ya se dio cuenta que no podrá. Por sus condiciones previas, porque para eso sigue estando Weretilneck y fundamentalmente porque no tendrá recursos para dar buenas noticias como lo hacía su predecesor.  

En lenguaje del cine Arabella Carreras “Busco mi Destino” (Peter Fonda,  1969). Simplificando, trata de dejar atrás la Alcaldesa que quiso ser y ver si se revela como Gobernadora. Como lo hace es su desafío, y en los resultados estará la suerte de los rionegrinos.

https://marcialbiageti.com.ar/gobernadora-o-alcaldesa/