3 mayo, 2026

Fin de un diario papel

(*) Por Donald Thomas

Termina el día con un tema que me preocupó. Hoy es un día lamentable para la prensa escrita e impresa, con el anuncio del final de otro diario papel y ya son varios en todo el país a los que les ha pasado lo mismo, lo cual viene ocurriendo desde desde hace algunos años. Ha caído otro diario, pero el que termina hoy, en sus buenos tiempos fue una voz mayúscula del periodismo chubutense, un extraordinario vocero de  inquietudes y cultura; propulsor de desarrollo y producción. He visto caer a varios. Pero, pensar que esta situación le sucedería al diario Jornada, de Trelew, parecía imposible para quienes lo conocimos en su esplendor.
Cuando sucede algo así, se dice que es culpa de la Internet; que cada vez más las noticias se leen en las computadoras y teléfonos. Y, sí, es así en parte, pero éste es solo un factor más, no el único ni determinante que causa el cierre de diarios papel.
Viene al caso comentar algunas situaciones e historias que han atentando contra medios arraigados, principalmente los que cambiaron de mano varias veces y que, por la falta de experiencia en la determinación de la línea periodística de quienes se entusiasmaron con tener un medio sin ser del ‘metié’, se complicaron en el manejo periodístico -aún teniendo los mejores periodistas- siendo arrastrados a situaciones financieras complicadas, a pesar del gran apoyo económico que tuvieron en su momento, pero finalmente cayeron en la pérdida de credibilidad.
En las últimas décadas muchos políticos, sindicalistas y empresarios ligados al poder y hasta a las drogas, se interesaron en comprar medios: diarios, radios o empresas de cables de televisión, algunos regateados a quienes primero fueron ahogados con impuestos y otras presiones. Otros fueron pagados a precios nada despreciables; es decir, por otra parte, quienes tenían un medio estable, con cierta fortaleza e influencia, bien administrado, bien orientado en lo periodístico, se vieron tentados y también vendieron ante ofertas que les aseguraron un porvenir tranquilo por el resto de sus días.
Así, de una u otra forma, diarios abiertos a la pluralidad, muy creíbles, que tenían una cantidad de lectores muy importante, fueron comprados. Pero, de ahí en más cambiaron sus líneas que pasaron a responder a intereses estrictamente ligados a algún poder -con intención de conseguir más poder- ya sea gubernamental, sindical, empresarial, etcétera; o a un combo de estas posibilidades.
Quedó claro que algún traspaso de esos diarios fueron pagados con aportes publicitarios extraordinarios de gobiernos, es decir provenientes de los impuestos, fondos pertenecientes a la población. Así es la historia del periodismo de los últimos años, oculta y difícil de entender.
Mientras, varios de los nuevos propietarios de medios comenzaron a bajar nuevas posiciones, dejando de lado lo que el lector habitualmente espera, sin vacilar en ignorar asuntos comunitarios muy importantes.
En estas nuevas conductas, divorciadas de los valores éticos del periodismo, algunos medios comenzaron a perder influencia, cayendo en la escasa penetración,  que, en la mayoría de los casos, es la verdadera causa del cierre de diarios papel que ha venido ocurriendo.
Hoy dejó de ganar la calle el tradicional diario papel Jornada. Otro más que desaparece. Y es triste, por su historia; aunque en la actualidad ya no representaba el ideal informativo, siempre algo se rescataba y porque es una fuente laboral que entra en declive. Sea cual fuere el motivo que llevó a esta decisión, en el tembladeral que siempre se manejan los medios, no pudo evitar entrar en la catarata que últimamente absorbe uno que otro medio.
Si bien se destaca en el anuncio el compromiso de mantener la plataforma digital y la planta de personal -habiéndose presentado esta decisión como un paso histórico- todavía las páginas digitales están muy lejos de la trascendencia y el sabor del diario papel.

(*) El autor de la nota es fundador y editor de varios diarios en la Patagonia.