Sixto Palavecino, defensor de la lengua quichua y de la cultura santiagueña
El 31 de marzo de 1915 nacía este violinero de los montes, musiquero, cantor, poeta y compositor. En esta nota conversamos con Juan Víctor Barraza (Vitu), continuador de la obra de Sixto Palavecino.
Sixto Doroteo Palavecino nació en Barrancas (Salavina), en la provincia de Santiago del Estero. Con la compañía inseparable de su violín sachero dibujó en sus obras al monte que lo vio crecer, sus colores, su naturaleza, sus costumbres y mitos.
Autodidacta, se definía como violinero porque llamaba violinista a quienes habían estudiado el instrumento. De niño, su madre madre no le permitía tocar instrumentos porque pensaba que los músicos, por andar en los bailes, se volvían enfermos y alcóholicos. Sin embargo Sixto, a los 10 años construyó él mismo su primer violín, que ocultaba de la vista de su madre dentro del hueco de un algarrobo.
«Dulzura quichua», «La callejera», «Folklorear», «Changuitos de mi tierra», «Lamento de chacarera», «La Pedro Cáceres», «Telesitapaj» son algunas de las más de 300 obras de su autoría, donde siempre interpretó el sentimiento del pueblo.
Compuso gatos, escondidos, triunfos, chacareras, vidalas. Lo característicos en sus composiciones, sobre todo en las chacareras, fue cantar una primera en quichua y la segunda en castilla (castellano). Se las conoce como chacarera overa, mezcla de castilla y quichua, como «La Huackachiara».
La difusión de su lengua
Fundó la institución cultural Alero Quichua Santiagueño para rescatar, conservar y difundir la lengua quichua originaria del Perú, radicada en Santiago del Estero, que se conservó en catorce departamentos por más de quinientos años.
En 1969 creó el programa radial homónimo, que se emitió por LV11 Radio del Norte, Santiago del Estero, y perdura hasta la actualidad en LRA 21 Radio Nacional de Santiago del Estero. El programa transmite música, canto, poesía, diálogo quichua y su traducción, y difunde las actividades del idioma a través de contactos con las personalidades de distintas instituciones quechuas del Perú, Bolivia y resto del mundo.
«Vengo de familias quichuas respirando el idioma desde el vientre de mi madre. Mi primera palabra fue en quichua y de ahí que mis pensamientos y expresiones, sólo fueron en esta lengua. La aprendí de escucharla, del habla diaria de mi familia. Si bien es cierto que interpretaba el castellano, me di cuenta que no sabía hablarlo. Un día de escuela, el maestro, necesitó de un traductor para hacerle conocer mi respuesta a su pregunta; es que le había contestado en quichua, mi lengua de todos los días». (Sixto Palavecino-Alero Quichua Santiagueño).
Martín Fierro y el Himno Nacional Argentino en quichua
Su permanente defensa de su lengua lo llevó a concretar un proyecto en el que trabajó durante ocho años: la traduccióndel español al quichua del poema de José Hernández: Martín Fierro. La versión completa, editada en los años 1990 y 2007, contó con la colaboración tecnológica del lingüista evangelista Donald Burns. La reedición de 2007 fue bilingüe, en panalfabeto, respetando la rima y la métrica originales y se distribuyó en las escuelas de Santiago del Estero.
El Himno Nacional Argentino también tuvo su primera versión quichua de manos de Sixto Palavecino.
La relación con el rock
La música permitió el acercamiento entre Sixto Palavecino y artistas argentinos y extranjeros como Mercedes Sosa, Pablo Milanés, León Gieco, los Carabajal, Milton Nascimento, Chico Buarque, entre otros.
Anda diciendo la gente que Sixto ya no es sachero, se junta con los de afuera y ahora se ha vuelto rockero (Sixto Plavecino).
Del encuentro con León Gieco surgió de una obra emblemática: De Ushuaia a La Quiaca (1985) que provocó reacciones en los sectores folclóricos conservadores. La personalidad moderna de Sixto hizo que se convirtiera en uno de los nombres centrales del proyecto. Su participación en el disco se hizo mediante la técnica holofonía, que grababa el sonido de lo que sucedía en 360º. Así se registró una gran versión de la chacarera «Dimensión de la Amistad», en pleno monte de Atamisqui.
«Vitu» Barraza y el legado de Sixto Palavecino
«Vitu» nació en Maza/Mishtol Bajo (San Martín-Santiago del Estero). Radicado en Buenos Aires enaltece y defiende la lengua quichua desde diversos ámbitos. Es profesor de música, especializado en guitarra, armónica, canto, armonía y composición; profesor de la lengua quichua, embajador cultural de la Casa de la Provincia de Santiago del Estero, columnista en importantes revistas culturales y compositor. Como cantautor bilingüe quichua-español, acompaño a Cuti y Roberto Carabajal en la obra musicalizada El Martín Fierro y participó en la película trilingüe Senderos Ocultos (Francés-Español-Quichua). Escribió, además, el libro: Lengua Quichua- un idioma original de América.
-¿Qué puede resaltar de la personalidad de Sixto Palavecino?
-Don Sixto era un hombre de carácter alegre, sencillo, comunicativo y muy amistoso. El terruño que lo moldeó y formo desde niño, le brindó esa humildad y perspicacia de observar la naturaleza en pleno esplendor con todas sus variantes, para convertirla en sentimiento musical. Sixto, el yanasu (quechua cuzqueño), el amigo, el autodidacta sachero.
-¿Cómo definiría la obra de Sixto?
-Originaria, como semilla vertida en buena tierra, así fueron son melodías. Voces quichuas en el viento, sones salvajes atrapantes. Desde su chacarera «Huackachiara» (Me hizo llorar), «Noticias del Monte» o la «Ñaupa Ñaupa» (La re antigua), así como «Remedio Atamishqueño», «Ampisunaas Amorani» (Por curarte he venido), el gato «Me hago el Champi» o la canción «Sapi Cani Rumi Cani», (Soy Piedra soy Raíz), su música hablan de la gran diversidad de géneros musicales. Composiciones de su autoría llegan a los hogares, lugares públicos y establecimientos educativos, donde sus obras quichuas son usadas como material didáctico en forma excepcional. Sixto Palavecino fue un guía, un embajador de nuestra lengua.
-¿Nos compartiría algún momento vivido junto a él?
-Don Sixto solía visitar a mi familia quichuista en la capital de Santiago del Estero. Recuerdo que él tocaba su violín y yo lo acompañaba con mi guitarra, cantábamos alegremente en lengua quichua. Mi madre, Francisca de Borja. y mi tía, Juana Barraza, cocinaban ricos platos típicos (chanfaina, empanadas de charqui, ckevishu (una especie de sopa), locro, etc, y esos platos le encantaban a don Sixto. Mi madre, mi tía y yo hablábamos con Sixto solo en lengua quichua.
-¿Cuál considera que es el legado de Sixto Palavecino para los santiagueños y para las nuevas generaciones de folcloristas?
-Lo que a mí me toca es una amistad entrañable con Sixto Palavecino, varias giras en el gran Buenos Aires y varias presentaciones musicales. La más importante, un programa especial en televisión con el conductor Antonio Carrizo en que participó don Sixto Palavecino como invitado especial único. Entre charla y chacareras llega la pregunta obligada por el conductor:
– Don Sixto, ¿a quién deja como su continuador o que lo pueda suceder?
– Don Antonio, este joven se llama «Vitu» Barraza es como yo, quichuista, cantor, compositor, a él lo postulo como mi sucesor.
Así me presentó ese día don Sixto Palavecino. Para mi honor, es su legado dado por él. Y con respecto al pueblo santiagueño, a los jóvenes argentinos y a las nuevas generaciones, Sixto ha dejado un sin fin de letras y melodías quichuas que enriquecen nuestro patrimonio.
Sixto Palavecino falleció un 24 de abril de 2009, a los 94 años, por una afección cardíaca.
