23 abril, 2026

Descubren en la Patagonia al «abuelo» de los lagartos que vivió hace 70 millones de años

Investigadores argentinos bautizaron al ejemplar como Paleoteius lakui, se trata de una nueva especie de lagarto terrestre, uno de los más completos conocidos hasta el momento para Cretácico tardío en Sudamérica. Por Daniela Salinas

Paleontólogos del Museo Argentino de Ciencias Naturales descubrieron una nueva especie de lagarto fósil, en Río Negro. Este ejemplar vivió hace 70 millones de años en la Patagonia, junto a los dinosaurios y es uno de los más completos conocidos hasta el momento para Cretácico tardío en Sudamérica.

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Los restos fueron recuperados en el yacimiento Salitral Ojo de Agua, perteneciente a la Formación Allen. A diferencia de la mayoría de los hallazgos de esta época, que suelen ser fragmentarios, este espécimen conserva partes del cráneo, vértebras y huesos de las extremidades, lo que permitió un análisis anatómico sin precedentes.

La investigación fue encabezada por el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (LACEV) del MACN, con la participación de la Fundación Félix de Azara, el Museo Patagónico de Ciencias Naturales “Juan Carlos Salgado”, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y otras instituciones.

En diálogo con C5N, el paleontólogo Federico Agnolín aseguró que cada descubrimiento es único: «Ese momento en el que uno encuentra algo que no vio nadie antes en la historia de la humanidad es realmente muy movilizador«. Durante la presentación que hicieron los investigadores en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, explicaron paso a paso la cadena interdisciplinaria que está involucrada detrás del hallazgo.

Bautizaron a este «abuelo» lagarto como Paleoteius lakui, rinde homenaje a las lenguas originarias de la región: combina el término griego paleo (antiguo) con teyú (lagarto en guaraní) y lakui, que significa «abuelo» en lengua mapuche, en alusión a su antigüedad y carácter primitivo.

A pesar de su importancia, el Paleoteius lakui era un animal pequeño, de poco más de 15 centímetros de largo, con un cráneo que mide apenas unos 2 centímetros. Según los investigadores, poseía mandíbulas con numerosos dientes finos -contando hasta 37 posiciones dentarias en el dentario-, lo que sugiere una dieta principalmente insectívora.

El análisis filogenético (sobre el estudio de las relaciones de parentesco y la historia evolutiva) ubica a esta nueva especie dentro de los Scincomorpha, un grupo de lagartos muy diverso en la actualidad, pero que hasta ahora carecía de registros fósiles tan completos en América del Sur. El hallazgo refuerza la idea de que los lagartos estaban mucho más diversificados en el antiguo continente de Gondwana de lo que se creía antes de la extinción masiva al final del Cretácico.

En esa línea el investigador señaló que «es un animal cuya anatomía nos marca que su historia es prácticamente desconocida y que no conocemos toda la rama genealógica que tiene«. A diferencia del árido terreno donde fue encontrado en Río Negro, ese ambiente en el pasado era todo lo contrario: «Ese era un lugar que estaba plagado de vida, muy distinto a la estepa que vemos hoy en día... sabemos que era un sitio de nidos de dinosaurios pequeños mamiferitos, ranas, etc».

Para analizar los delicados restos sin dañarlos, el equipo liderado por el paleontólogo Federico Agnolín utilizó microtomografía computada en colaboración con la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Esta tecnología permitió realizar reconstrucciones digitales en 3D y estudiar la anatomía interna del fósil con una precisión milimétrica. Esto permitió poder «estudiar en detalle la implantación dentaria… solo si tenemos a disposición una tecnología que está en la Comisión Nacional de Energía Atómica», añadió el investigador.

«Estamos entendiendo que realmente sumar diferentes instituciones, diferentes disciplinas para llegar a un conocimiento más cabal de una pieza es el camino más interesante para recorrer porque justamente podemos entender más de este hallazgo», remarcó Agnolín.

Los investigadores remarcaron la participación de la familia Arriagada, dueña del campo donde se encontró el lagarto y otras especies, agradecieron el apoyo durante la campaña y que tiene muchísimo interés por los fósiles. «Es una familia que tiene un enorme interés por la paleontología… Empezó con Alberto, hoy continúa con Diego, pero también con un montón de sus hermanos, de sus sobrinos», contaron (C5N)