6 mayo, 2026

100 días y Coronavirus

Ingresamos en la semana en que todos los gobiernos asumidos el pasado 10 de diciembre cumplirán sus primeros 100 días de gobierno. Y no será una semana más como tantas otras, sino una semana crucial, ya que puede ser el momento en que se inicie la mayor crisis sanitaria que nuestro país, nuestra provincia y ciudad, hayan tenido en toda su historia.

En el orden nacional la presión se siente mucho mayor al resto de las jurisdicciones subnacionales, ya que los ojos de la sociedad no solo están puestos en ver como Ginés González García manejan la crisis sanitaria producida por el coronavirus, sino también en cómo Martín Guzmán se las arregla para mantener el actual status quo recesivo de nuestra economía, evitando la temida depresión que podría causar una explosión sanitaria al estilo italiano. En aquel país el confinamiento de los habitantes en sus casas y el cierre preventivo de la mayoría de los comercios e industrias puede ser sobrellevado por sus ciudadanos, empresarios y comerciantes, gracias al potencial económico que lo sustenta. En nuestro país igual medida podría significar el revival de los cacerolazos del 20/21 de diciembre de 2001 que marcharon al grito de “que se vayan todos”.

Si bien la imagen del presidente aún es buena (+13% diferencial positivo) el horno no está para bollos. El enojo, la decepción y frustración de la gente es mucho mayor (44%) que su alegría y satisfacción (25%). Y además al nivel aprobatorio de la gestión no le sobra nada; apenas ostenta un 1% de diferencial positivo (48% desaprueban, 49 aprueban).

Por supuesto que cada lugar es un mundo distinto y estos datos que te cuento pueden variar a lo largo y ancho de todo el país, ya que solo representan una muestra recogida sobre el territorio rionegrino, pero descreo que su alteración sea significativa.

Por ahora la Tarjeta Alimentar y el congelamiento de tarifas mantienen la calma, pero ya sabemos lo irritable que puede resultar la clase media cuando ve empeorar sus condiciones de vida que, huelga decirlo, ya está al límite.

Los precios siguen subiendo. Los sueldos (o ingresos en general) no mejoran. La incertidumbre es alta. Y una explosión del coronavirus que obligue tomar medidas a la italiana pondría en peligro la estabilidad de miles de empleos de pequeñas y medianas empresas y comercios que ya se encuentran al borde de sus capacidades de resistencia.

En el orden provincial la presión es mucho menor. Nuestra gobernadora juega con el hándicap que la sociedad visualiza que sus mayores problemas se solucionan o son responsabilidades del ejecutivo nacional y no del provincial. Aun así no está librada de tener que responder por sus responsabilidades, especialmente las sanitarias ya que de ella depende la salud pública rionegrina. Y en este sentido, ayer, al hacerse cargo de la situación vía el Decreto de declaración de emergencia sanitaria, dio muestra cabal de estar a la altura de las circunstancias. Podríamos afirmar que Arabela terminó su curso acelerado de gobierno de 100 días y se recibió de Gobernadora.

Y en ese sentido no es casual la foto que publicaran junto al senador Alberto Weretilneck -tan reclamada por la prensa que sembraba todo tipo de sospechas en esa relación- mostrando que el mando es unipersonal, de ella, y él es su apoyo.

Como bien dice el refrán, “ningún mar en calma hizo grande a un capitán”. En momentos de crisis es cuando emergen esos líderes que sin temor al costo político que deban pagar a posteriori, no tienen empacho en prometerle a sus gobernados solo “sangre, sudor y lágrimas”. El 2023 está en otra galaxía, en otra vida. Hoy urge el minuto a minuto de las circunstancias. La vista solo alcanza para llegar a mañana. Y en este barco de una sola capitana o un solo capitán estamos todos. Todos los rionegrinos incluyendo a Weretilneck y todos los argentinos incluyendo a Macri.

Mauricio Macri que, justamente ayer también, publicó un tuit pidiéndole a todos sus fieles tranquilidad y confianza, y apoyando fuertemente al gobierno de Alberto Fernández.

Esas, las de Weretilneck y Macri son las actitudes que esperan los gobernados de sus gobernantes. No la mezquindad moral mostradas por algunos dirigentes peronistas rionegrinos al que el traje de representante de la ciudadanía les queda muy grande.

Me refiero a los peronistas que emiten comunicados políticos contra la gobernadora, intentando sacar rédito de la crisis del coronavirus en ciernes, pero también a su dirigencia provincial que, en medio de semejante situación que nos tiene en vilo a la sociedad toda, se embarcan en una disputa menor y chiquita como su interna de renovación de cargos.

Nada ejemplifica mejor el alejamiento del PJ rionegrino de la sociedad que la interna provincial que pusieron en marcha justo ahora y discuten abiertamente por los medios. Pareciera que viven en otro planeta.

Y debe ser, justamente por esa razón, que cuando le preguntamos a los rionegrinos quienes son los políticos en los que más confían y les pedimos que los ordene en una grilla de mayor a menor, arma este ranking:

En política la confianza es el mayor activo, ya que sin ella no hay voto posible. La confianza es consecuencia de la reputación. Y la reputación se construye arduamente, día a día, con las acciones que se desarrollan; no con las palabras que se vociferan. Con los hechos. Y los hechos que genera el peronismo rionegrino, están muy, muy lejos de las demandas y expectativas del electorado.

El 2023 está en otra galaxia, en otra vida. Hoy urge el minuto a minuto de las circunstancias. La vista está puesta en llegar a mañana.

Pablo Gustavo Díaz
Consultor político