29 abril, 2026

Desarrollo urbano en el Cerro Catedral: claridad frente a confusión

La discusión sobre el futuro del cerro catedral en Bariloche ha llegado a un punto crítico donde la precisión técnica debe prevalecer sobre la retórica. Resulta imperativo avanzar en el tratamiento legislativo para dotar de parámetros urbanísticos claros a la Villa Catedral, un paso que no solo es necesario, sino urgente para garantizar un crecimiento ordenado de nuestra ciudad. Sin embargo, para que este debate sea fructífero, debemos trazar una línea divisoria tajante: una cosa es la planificación urbana del área residencial y comercial de la base, y otra muy distinta es el proyecto de modernización del centro de esquí que lleva adelante la empresa Catedral Alta Patagonia.

Establecer parámetros urbanísticos específicos para la villa no es un favor a privados, es una herramienta de control estatal. Actualmente, la falta de una normativa actualizada genera grises que solo benefician la improvisación. Al definir indicadores como el factor de ocupación del suelo o el factor de ocupación total, el municipio de Bariloche retoma el poder de decidir qué perfil de aldea de montaña queremos. Esto incluye proteger la identidad arquitectónica para evitar que la base se convierta en una extensión caótica del centro urbano, planificar la infraestructura de servicios antes de que la demanda supere la capacidad y brindar seguridad jurídica a los vecinos que ya habitan el sector.

El error más común en el que han caído ciertos sectores de la opinión pública es mezclar la planificación de la villa con el contrato de concesión de la montaña. Son expedientes con naturalezas jurídicas y objetivos territoriales diferentes. Mientras que los parámetros urbanos regulan las construcciones y usos del suelo en la base bajo la órbita municipal, el proyecto de Alta Patagonia se centra en la inversión en medios de elevación y pistas para la explotación deportiva, y sus intereses inmobiliarios. Confundir ambos procesos solo dilata la solución de fondo, dejando al cerro en un limbo normativo que perjudica a la comunidad local.

Es momento de que el concejo municipal actúe con madurez política. Darle parámetros a la villa es proteger el patrimonio de Bariloche frente al crecimiento espontáneo. No permitamos que la confusión de conceptos frene la posibilidad de tener una base moderna, integrada y, por sobre todo, regulada por el estado con reglas de juego claras para todos.